Llegando a la plazoleta, Felipe y Catalina se quedarían
jugando en las hamacas.
— Sí, viejo, no
te preocupes. Quédense acá, que en un ratito vengo-, indicaba la tía al tiempo que se despedía con un calentito beso en la mejilla.
—¿A dónde va la tía?—, preguntó Catalina.
—Va al Banco a donar sangre.
—¡Sangre! ¿Qué es donar sangre? ¿Y no iba al Sanatorio?
¿En qué banco trabajan con sangre?—, preguntó Catalina con los ojos grandotes
mientras se hamacaba.
El tío Felipe comenzó entonces a explicarle.
—Va al Banco de Sangre, que está en el sanatorio. Por eso
hoy desayunó un tecito. Tiene que ir en ayunas y no puede tomar lácteos. Son
esas las indicaciones generales para los donantes.
—¿Por qué dona sangre? ¿Qué significa "donar"?
—¡Jajaja!, no Catalina. Es solo para que imagines la función
que cumplen.
El tío se empezó a incomodar, pues podía explicar hasta allí
con lo que sabía. Por suerte, cerca de ellos estaba Mario, un médico jubilado
amigo de Felipe en el Club de Bochas. Mario también estaba acompañando al
nieto, que bicicleteaba un poco más allá.
— ¡Mario…! ¿No
me das una mano?
— ¿Qué contás, viejo cascarrabias? ¿Malcriando a la sobrina?
— Estamos
esperando a Olga, que fue al Sanatorio, y la sobrina tiene preguntas.
— ¿Cómo anda
esta niña? ¿Y en qué puedo ayudar…?—, preguntó el cordial médico, retirado pero entusiasta.
— Dice el tío
que en la sangre tenemos autitos que transportan cosas. Los "globos"—, dijo
Catalina ya como experta.
...