Esa mañana pedimos que alguien en casa nos acompañara y salimos temprano. Luego de hablar con la recepcionista y con autorización del doctor encargado, pudimos recorrer las instalaciones.
Silencio... están entrevistando a un donante.
No podemos verlo, pero está con el funcionario encargado de la extracción. Siempre se hacen preguntas y controles de rutina.
Te preguntan si descansaste bien la noche anterior y si te sientes bien en general. También registran la temperatura corporal para ver si tienes fiebre. Te toman la presión arterial y revisan que no tengas anemia con un aparatito que cuenta los glóbulos rojos de una gotita minúscula. Si existe alguna dificultad, te recomiendan que hacer. ¡Son muy simpáticos!
En la mesa de trabajo tienen termómetros, un aparato para medir la presión sanguínea, instrumentos varios y mucho material para esterilizar.
Esto es importante: todo lo que se utiliza es material descartable, esterilizado y herméticamente envasado. Es prácticamente imposible contagiarse de algo en estas condiciones. El donante siempre está seguro.