Concepto
La escritura significa la puerta de entrada a un paradigma nuevo del conocimiento, a una forma distinta de relacionarnos con la realidad.
Significa aprender a pensar de otro modo”.
Daniel Cassany.

La escritura significa la puerta de entrada a un paradigma nuevo del conocimiento, a una forma distinta de relacionarnos con la realidad.
Significa aprender a pensar de otro modo”.
Daniel Cassany.

Existe en pleno corazón del barrio El Cerro de Salto una manzana comprendida entre las calles Silvestre Blanco, Joaquín Suárez, Maciel y Amorim donde se halla la Escuela N° 64 España. Pues bien, en el patio de recreos de esta escuela se encuentra un ombú que, al caer la noche, asume una serie de propiedades verdaderamente milagrosas.

Una de las raras características nocturnas de este árbol es su capacidad de movimiento. Algunas veces, atrapa con sus ramas a los desprevenidos pájaros que se posan a dormir en él y los devora. Pero otras veces, el árbol ha llegado incluso a desplazarse de un lugar a otro. Sus travesías lo han arrojado a los lugares más insólitos; se lo ha visto divagando por las inmediaciones del Cuartel del Ejército, por los alrededores de la Piscina Barrial, junto a los muros de la cancha del Club Atlético Nacional y hasta en las cercanías del Liceo Piloto. Al rayar el sol, el árbol regresa puntualmente a su sitio original.
Otra especie inquietante es la misteriosa coloración que adquiere este árbol durante ciertas noches del invierno. Ya sin hojas, el esqueleto de ramas adquiere un color blanco muy brillante, casi fosforescente, al tiempo que una espesa neblina, también de color blanco, baila constantemente a su alrededor. A veces, de las ramas caen frutos ígneos y semillas ardientes, provocando un destello de luz tan inmenso que puede advertirse a la distancia. Dicen los curanderos que, en tales épocas, la savia de este árbol posee propiedades mágicas y como tal es utilizada para toda suerte de medicinas, elixires y narcóticos.
Pero hay algo todavía más misterioso que todo lo anterior: el árbol posee la capacidad del lenguaje. Se ha descrito de muchas maneras el sonido de su voz. En general, se dice que es como una especie de brisa, un suspiro similar al que produce el silbido del viento cuando se agita con fuerza y en el que pueden distinguirse, aunque con dificultad, palabras y frases completas. Tal vez por ello, hay quienes conjeturan que este árbol no es en verdad un árbol, sino una persona de carne y hueso que ha sufrido una metamorfosis. Y que esa voz que se escucha son los lamentos del pobre condenado clamando por la ayuda de alguien que lo libere del sortilegio. Otros afirman que la voz no proviene del árbol, sino de los espíritus malignos que habitan en su corteza. Como fuere, la aptitud del lenguaje del árbol encantado es un hecho irrefutable y quien no crea puede consultar no solo a los niños, sino también a la directora, a los maestros y hasta a los padres de la Comisión Fomento de la escuela, quienes podrían dar testimonios fehacientes de todo lo antedicho.
Algunos vecinos aseguran que para evitar su maléfica influencia, hay que saludar al árbol con todo respeto tres veces, con un saludo inverso al que correspondería: si el encuentro ocurre durante el día, se debe decir: “Buenas noches, señor árbol”, y si es de noche, “Buenos días, señor árbol”, como engañándolo. Si se cumple este ritual, uno puede acercarse sin problemas; pero de lo contrario, las consecuencias podrían ser desastrosas: el dolor, la enfermedad, la muerte…
Sin embargo, estas maravillas ocurren de forma esporádica y por eso quienes contemplan rutinariamente el árbol de la Escuela N° 64 a la luz del día son incapaces de advertir ninguna clase de prodigio.
“Bestiario del Salto Oriental”, Diego Moraes (2012).
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