huerta escolar agroecológica
Desde la Educación Ambiental, antes de definir un problema ambiental desde una mirada adulta, es fundamental construirlo junto a quienes habitan y transitan el ambiente. Para ello, se propone realizar un diagnóstico ambiental participativo que permita reconocer las características e impactos presentes en el entorno en relación con el agua, el suelo, el aire, la flora y la fauna. Este proceso favorece la formulación de preguntas, la identificación de problemáticas y la reflexión sobre las responsabilidades individuales y colectivas vinculadas a la sustentabilidad. Las metodologías participativas promueven la participación y la reflexión de los estudiantes sobre su propio territorio. A través de ellas es posible identificar problemáticas ambientales locales, comprender sus causas y reconocer las relaciones entre los componentes naturales y sociales del ambiente (MMA y MEC, 2022). Como estrategia se propone realizar una transecta, entendida como un recorrido sistemático por un espacio geográfico para observar y registrar sus características. En esta propuesta, los estudiantes asumen un rol activo como investigadores de su entorno. Para ello, el terreno escolar se divide en cinco sectores: la parte central y los cuatro lados del predio. En cada uno se registran aspectos vinculados al suelo, la vegetación, la fauna, la presencia de agua y las intervenciones humanas mediante una tabla de observación y dibujos realizados por los propios estudiantes. La información obtenida permitirá construir un diagnóstico compartido del ambiente escolar, identificar fortalezas y problemáticas del espacio y fundamentar la elección del lugar más adecuado para diseñar e instalar una huerta escolar. De este modo, la propuesta promueve el aprendizaje situado, la observación del entorno y la toma de decisiones basada en evidencias, fortaleciendo el compromiso con el cuidado y la mejora del ambiente.