Más allá de la narrativa
Con el tiempo, Agua siguió fluyendo, llevando en su interior partes de Sal.
Sal ya no era el mismo, pero aún la habitaba, disperso, invisible, doliente. Agua, por su parte, aprendió a interactuar y aceptar la transformación, pero ya era tarde para volver atrás.
Había una parte de Sal que ya no podía sostener, y cuando intentó seguir añadiendo más, el exceso simplemente cayó al fondo: sin forma, sin propósito y sin retorno.

Entonces entendieron que el amor, como algunas soluciones, tiene un límite. Y que cuando se cruza, ya no se trata de unión, sino de separación, lo homogéneo se transforma en heterogéneo.
A veces, el final no es una ruptura… sino que es una saturación silenciosa.