Imagina que algo similar a lo ocurrido en este cuento, pasa en tu escuela entre algunos compañeros.

Antonio tiene 7 años y acaba de llegar de Cuba a Uruguay, y es nuevo en la escuela.
Al parecer todos lo reciben afectuosamente pero al pasar los días, lo van dejando de lado, no lo invitan a jugar en el recreo, dicen que se viste raro y que su merienda es diferente.
Antonio se siente triste al principio, y luego empieza a estar molesto y enojado frente a lo que le está pasando en la escuela, y ya no quiere ir más.
Lucía y Juliana, compañeras de clase, lo han invitado a jugar a la rayuela en el patio y se están divirtiendo mucho.
Antonio las hace reír con su acento cubano y les propone otro juego típico de su país.
Poco a poco todos se van acercando a ver de qué se trata y se sienten curiosos. Antonio ya no les parece tan diferente.
Al pasar los días comienzan a ver que hay muchas cosas interesantes que pueden conversar con él.
Poco a poco, unos aprenden de los otros. Ahora sí, se siente feliz de ir cada día a la escuela.