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La organización

La organización de la cruzada

¿Tenían los orientales lo necesario para hacer frente al ejército brasileño?
¿Cómo se organizaron?

En este fragmento del video podrás encontrar las respuestas a estas preguntas. Puedes visualizarlo hasta el minuto 9.06

Transcripción del fragmento de video desde el minuto 7.50

-Carlos, ¿Qué rol jugó Pedro Trápani y Luis de la Torre en organizar la cruzada libertadora?-.

Bueno, tienen un rol muy importante en todo este proceso y un papel central. En principio porque financian la cruzada, es decir, son dos saladeristas poderosos, tienen el dinero para eso, y además alojan la cruzada. Todos están allí a medida que se va reuniendo el grupo, están en su salón y luego desde allí parten rumbo hacia el norte buscando la playa donde van a terminar desembarcando.


Pedro Trápani es la figura fundamental. Convenció a Lavalleja de casi todos los pasos a dar. Lavalleja era sin duda un liderazgo, era sin duda un caudillo temerario, era un hombre lleno de arrojo y de coraje. En ese sentido, esos valores los indican como la persona que debe ir al frente. Pero no tenía una visión política muy aguda. Había que resolver problemas de logística.

Entonces, armas, dinero, uniformes, transporte, los contactos. Había a su vez que hacerlo sin que se supiera, digamos, se sabía pero que no fuera muy ostensible que eso se estaba haciendo porque los problemas diplomáticos que podían generarse estaban allí.

“El apoyo de los saladeristas porteños* fue decisivo, pues permitió que el movimiento tuviera una amplia financiación: 150.000 pesos de la época, que era mucho dinero, Los Anchorena pusieron 3000 pesos para el fondo común y el hacendado Juan José Lezica 1000.
El propio Rosas recorrió la campaña oriental con el pretexto de comprar ganado y hacer negocios, pero seguramente atando fidelidades al movimiento.”

Saladeristas porteños hace referencia a los ricos comerciantes dueños de saladeros que vivían en Buenos Aires.

El apoyo de este grupo de comerciantes se puede entender por la necesidad que tenían de contar, para sus negocios, con la riqueza ganadera de la Banda Oriental, que tradicionalmente era una de sus fuentes básicas de materia prima.

Desde la conquista luso-brasileña, las reses orientales eran vendidas masivamente al sur de Brasil, donde funcionaba una próspera industria saladeril. Esto resultaba ruinoso para los intereses de los empresarios bonaerenses, y actuaron en consecuencia. 

En los saladeros, se faenaban las vacas, cortaban la carne en tiras y la cubrían con muchísima sal gruesa.

Después, la ponían a secar al sol. La carne salada y seca duraba meses y se podía vender y transportar a lugares lejanos. 

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