Batalla de Carpintería

El 19 de setiembre de 1836, en la batalla de Carpintería, nacieron las “divisas” blanca y colorada. Rivera fue sucedido en la Presidencia por Manuel Oribe, quien había sido hombre de confianza de Lavalleja en las luchas de la independencia.
Fecha
Ilustración de Rivera y de Oribe

Retrato de Fructuoso Rivera | Autor: Baldassare Verazzi | Licencia: dominio público. Retrato General Manuel Oribe | Autor: desconocido | Licencia: dominio público.

Rivera permaneció con una fuerte cuota de poder, ejerciendo el cargo de Comandante General de la Campaña, para  el cual había sido designado inmediatamente de cesar como Presidente, por su sucesor en la Presidencia interina. Oribe era la autoridad constitucional en Montevideo, pero Rivera mantenía su poder político y militar en el interior del territorio.

Oribe encontró una situación muy dificultosa en la Hacienda Pública. En abril de 1835, declaraba que los cofres del Erario se encontraban vacíos, y que las rentas impositivas habían sido afectadas por anticipado, en garantía de deudas contraídas por el Estado, que alcanzan un monto de enorme peso para el Tesoro. El Ministro de Hacienda, Juan María Pérez, dispuso emitir Bonos del Tesoro para conseguir dinero de inmediato, establecer impuestos sobre la actividad industrial y comercial y sobre la propiedad inmueble, y reducir en un día cada seis meses los sueldos de los empleados públicos.

Por otra parte, se inició una revisión de las cuentas del Gobierno de Rivera, a cargo de la “Comisión de Cuentas” del Poder Legislativo y se dictó un decreto de amnistía en beneficio de los partidarios de Lavalleja que se habían sublevado contra Rivera. La Comisión que investigó la administración del gobierno de Rivera, determinó prontamente que durante su gobierno habían existido importantes irregularidades y fraudes en perjuicio del Estado.

Rivera, desde su cargo de Comandante General de la Campaña, se quejó por ello a Oribe, al tiempo que intensificó sus contactos con caudillos riograndenses. Esto generó a Oribe dificultades diplomáticas con el Gobierno de Brasil.         

Por otro lado, las crecientes relaciones de Rivera con los argentinos unitarios emigrados de Buenos Aires — encabezados por el Gral. Juan Lavalle — resultaban muy molestas para Oribe, debido a sus estrechas relaciones con el Gobernador Juan Manuel de Rosas.

Fue a raíz de las elecciones para Alcaldes Ordinarios en enero de 1836, que se produjo el primero de una serie de enfrentamiento entre ambas autoridades: el Poder Ejecutivo y el Comandante General de la Campaña. El devenir de estos enfrentamientos trajo como resultado la supresión de la Comandancia General de la Campaña por decreto del Poder Ejecutivo del 9 de enero de 1836.

Dos bandos se enfrentaban con tendencias bien definidas y por decreto del Gobierno, de agosto de 1836, toda la población, tanto militares como civiles, debía usar una divisa o un distintivo en el sombrero o  el vestido, de color blanco, con el lema  “Defensores de la Leyes” ( De este  color habían sido  las vinchas de los patriotas de 1811).

Los del bando de Rivera adoptaron una divisa de color celeste, tomado de la escarapela nacional, que al poco tiempo cambiaron por el rojo, debido que se desteñía por la acción del sol o de las lluvias convirtiéndose en blanco. Esta divisa fue confeccionada con la bayeta del forro de los ponchos y chiripaes, de color colorado más firme y resistente. 

 En junio de 1836, Oribe creó una nueva unidad militarizada, la Guardia Nacional, con vistas a disponer de una fuerza armada separada del Ejército,  que pocos años después desempeñaría un papel importante en los hechos políticos nacionales.

Con motivo del estallido de un movimiento separatista en Río Grande del Sur — cuyos cabecillas estaban estrechamente vinculados a Rivera — Oribe consideró necesario ponerse al frente del Ejército y marchar hacia la incierta frontera, para asegurarse de que los revolucionarios brasileños no se infiltraran en nuestro territorio. Pero pasado el alzamiento se mantuvo allí, por lo que  Rivera consideró que había pasado por sobre su autoridad de Comandante General de la Campaña. Naturalmente, Rivera volvió a protestar, frente a lo que  Oribe respondió con cierta ironía, que su acción había tenido por objeto liberar a Rivera de toda sospecha de que estuviera vinculado con los opositores a su Gobierno como algunos trataban de hacer creer, a pesar de que él estaba seguro de su lealtad.

Cediendo a instancias de Juan Manuel de Rosas, Oribe ordenó clausurar un diario de los unitarios argentinos — manifiestamente amigos políticos de Rivera — que se editaba en Montevideo, llamado “El Moderador”, medida que  motivó una nueva protesta de Rivera. En réplica, Oribe suprimió el cargo de Comandante General de la Campaña, medida que Rivera sorpresivamente acató, retirándose a su estancia “El Durazno”.

Sin embargo, cuando se publicaron las conclusiones de la Comisión que había investigado la administración de Rivera, y Oribe restableció la Comandancia General de la Campaña designando para ocuparla a su hermano Ignacio, Rivera se levantó en armas, dando comienzo a la revolución del 18 de Julio de 1836. Lo que comenzaba como una lucha entre caudillos, terminaría convirtiéndose en la conflagración internacional de la Guerra Grande.

El 19 de setiembre de 1836 se producirá el enfrentamiento entre el  ejército al mando de Oribe y Lavalleja y las tropas de Rivera y Lavalle, en las costas del arroyo Carpintería, en el Departamento de Durazno.

En esa instancia, Oribe dispuso que sus tropas se distinguieran mediante la vincha blanca con la inscripción “Defensores de las Leyes”, y por su parte, Rivera ordenó que sus hombres usaran como distintivo la vincha de color rojo. Desde ese momento, los partidarios de Oribe fueron los “blancos”, y los de Rivera los “colorados”.

Las tropas de Oribe se impusieron en la batalla de Carpintería,  y Rivera huyó a refugiarse una vez más en el Brasil.

En los años inmediatos, las divisas representaron una expresión de división política que aparejó graves consecuencias, siendo este uno de los factores presentes en la contienda de la Guerra Grande. A partir de ese momento, la política  estará signada por el esfuerzo por hacer desaparecer esas divisiones y alcanzar una unión política de todos los orientales. Sin embargo, las diferencias  perdurarán, y adquiriendo nuevos contenidos, distinguirán a los dos partidos que en adelante habrán de pautar la vida política del país.