Nace el cantautor Alfredo Zitarrosa

Por donde pasó dejó su marca, su mensaje, como un verdadero embajador de la cultura en cada una de sus canciones. Humanista, defensor del pensamiento bolivariano y artiguista y un gran libertario.
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Fotografía de Alfredo Zitarrosa en su juventud

Alfredo Zitarrosa nació en Montevideo, Uruguay, el 10 de marzo de 1936. Murió en la misma ciudad el 17 de enero de 1989.

Cantor, autor y poeta, fue una de las figuras más representativas de la cultura popular uruguaya y un  latinoamericano de reconocida trayectoria. Prohibido desde el año 1971 por sus convicciones políticas, debió autoexiliarse en 1976 en Argentina, luego en España, México y Venezuela.

Por donde pasó dejó su marca, su mensaje, como un verdadero embajador de la cultura en cada una de sus canciones. Fue un humanista, un defensor del pensamiento bolivariano y artiguista y un gran libertario.

Dijo Washington Benavidez: Zitarrosa es “un hombre renacentista, atento a todo aquello que significa cambiar la vida”. El poeta Saúl Ibargoyen lo definió como “un hombre y un artista con la magia de crear luz de donde solo hay tinieblas”.

Fue un militante por los derechos de los artistas nacionales y de su producción. Participó activamente en diversos festivales internacionales como representante de la lucha a favor de la libertad del pueblo uruguayo y de otras naciones oprimidas por gobiernos fascistas, y como referente ineludible del canto popular uruguayo y latinoamericano.

Vivió gran parte de su infancia en una zona rural del país, que marcó lo que luego sería su repertorio de canciones influenciadas e identificadas con el entorno que lo rodeó durante esos años de vida. Nuevamente en Montevideo, trabajó en diferentes oficios. Se desempeñó como locutor radial y escribió para el semanario Marcha y el periódico Ya. Escribía poemas, cuentos y entrevistas, por mencionar algunos géneros, y en 1959 ganó el Premio Municipal de poesía por su libro inédito Explicaciones.

Su debut como cantor profesional en Montevideo fue en el auditorio del SODRE, en 1964, y su primer disco publicado, Canta Zitarrosa, fue el comienzo de su prolífera y excelente carrera. Zitarrosa dudaba de sus condiciones, pensando que no había nacido para el canto, y citaba a Gardel como el real cantor.

Escribía también sobre el rol del cantor: “Fuera de la faz técnica, entonces, de este trabajo particular que es el cantar, aquella circunstancia feliz de la comunicación directa que ha de producirse entre un  buen cantor y sus oyentes viene condicionada por el medio social en que se produce, y en su momento adquiere un carácter testimonial, tiene un significado cultural preciso:este cantor y esto que canta son un producto cultural aceptable para el medio. Lo que es más, un cantor y su repertorio han de ser necesarios, o no sirven a sus fines(publicado en Ya en junio de 1970).

“Una canción de protesta no es más necesaria que una canción de amor, si esta es necesariamente más bella que la canción rebelde, mientras que la rebeldía se someta de buen grado –en tanto canción- al rigor de la norma estética. Aunque no han de confundirse estética y estilo, lo que cierto es que de todas maneras un cantante de estilo está más cerca que otro de lograr  un hecho estético al cantar [...] Casi siempre, y aun dejando aparte los contenidos de su canción, el cantante de estilo llega mejor a su auditor. Este fenómeno también es de orden social y obedece a leyes dialécticas” (publicado en Ya en junio de 1970.)

“La canción popular, lo mismo que el idioma, es una herramienta de trabajo. Tan apta para su servicio específico como cualquier otra herramienta posible.¿Y cual es su utilidad? La de comunicar ciertos contenidos, en condiciones ideales de tránsito. Desde aquí hasta allá, el camino más corto es la línea recta. Si tal canción llena ese requisito, ya es un mensaje, tiene un destino inmediato. Si ese mensaje es memorable, es porque la poesía y la música trabajan a favor. Aunque ambas no sean ajenas al hombre. Bien al contrario, en la perdurabilidad posible de una canción van implícitos todos los esfuerzos de la humanidad para ocupar ese lugar innominado, que yo le llamaría la gozosa certidumbre de ser un hombre entre los hombres” (publicado en Ya en julio de 1970).

“En primer lugar creo saber cuales son mis aptitudes como cantor y hasta dónde llegan; con certeza mayor o menor, en todo caso al menos sé muy bien cuáles son mis limitaciones. Ciertamente y casi como una consecuencia de esto, nunca estuve conforme con lo que hago. No es la primera vez que lo digo, por lo tanto a nadie le va a sorprender. Pero también debo decir que me he esforzado lo necesario para aprovechar mejor aquellas aptitudes y superar mis limitaciones naturales, o por lo menos alguna…”(publicado en el periódico Excelsior, México, en 1980).

Entre 1965 y 1988 grabó cerca de cuarenta discos de larga duración en diferentes países, fundamentalmente en Uruguay y Argentina. Recibió en vida una gran cantidad de premios y distinciones, y a pesar de que él mismo se reconocía como menos creativo por el dolor que le produjo el desarraigo, grabó y editó varios discos durante su exilio en España, México y Venezuela.

En 1983 se levantó la prohibición de su canto en Argentina, pasó a vivir en Buenos Aires y así fue acercándose a Uruguay. Regresó a Montevideo el 31 de marzo de 1984, donde lo esperó una multitud, diciendo él que fue “la experiencia más importante de su vida”.

En 1988 editó por primera vez su obra literaria, el libro de cuentos Por si el recuerdo.

Murió el 17 de enero de 1989.

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